Ser diagnosticada de cáncer durante el embarazo o la lactancia no está asociado con una peor evolución de la enfermedad, con la única excepción del cáncer de mama y de ovario diagnosticados durante la lactancia, según un estudio realizado en Noruega.
La cuestión de cómo afecta el embarazo a la evolución de un cáncer se ha debatido durante décadas. Históricamente, se pensó que la elevación de los niveles de estrógenos (hormonas femeninas) durante el embarazo, podría incrementar la agresividad de los cánceres dependientes de las hormonas, como el cáncer de mama y de ovario, o el melanoma. Otros cambios que ocurren durante el embarazo, como la supresión del sistema inmune y el aumento de la vascularización también podrían tener efectos negativos en el desarrollo del tumor.
Algunos estudios anteriores han apuntado que las mujeres con cáncer de mama o melanoma maligno diagnosticadas durante el embarazo o poco después tendrían una menor supervivencia. No obstante, los resultados resultaban contradictorios.
Para estudiar rigurosamente estas cuestiones, los investigadores analizaron la supervivencia de todas las mujeres noruegas, de 16 a 49 años, diagnosticadas de cáncer entre 1967 y 2002; en total, 42.511 mujeres. Compararon la supervivencia de aquellas que, cuando fueron diagnosticadas de los tipos de cáncer más comunes en este grupo de edad (mama, cuello de útero, ovarios, tiroides, melanoma maligno, tumores cerebrales, linfoma maligno y leucemia), estaban embarazadas o dando el pecho y las que no lo estaban.
El impacto del embarazo y la lactancia en la supervivencia del cáncer cada vez es más importante, ya que las mujeres tienen hijos a una edad más avanzada, y la incidencia del cáncer aumenta con la edad. En Noruega, más de la mitad de los embarazo ocurren hoy en mujeres mayores de 30 años, comparado con el 24% en 1967. La incidencia del cáncer en este grupo de edad también está aumentando, así que cada vez hay más mujeres a las que se les diagnostica cáncer durante el embarazo o la lactancia.
Los resultados no mostraron ninguna diferencia en cuanto la supervivencia en los dos grupos en la mayoría de tipos de cáncer. En cambio, las mujeres a las que se les diagnosticaba cáncer de mama durante la lactancia tenían dos veces más posibilidades de morir que las mujeres con cáncer de mama que no estaban dando el pecho. Las mujeres a las que se les había diagnosticado cáncer de ovarios durante la lactancia tenían más de dos veces más posibilidades de morir que las que no estaban dando el pecho. El riesgo también era ligeramente mayor en el caso de los melanomas malignos diagnosticados durante el embarazo.
Hanne Stensheim, del Registro del Cáncer de Noruega, en Oslo, y coordinadora del equipo investigador advierte: "La detección de estos tipos de cáncer durante la lactancia o el embarazo requiere una particular concienciación por parte de los profesionales de la salud". Los peores resultados en el caso del cáncer de mama en las mujeres que están amamantando puede deberse a un retraso en el diagnóstico y tratamiento, ya que tanto las propias mujeres como los médicos pueden percibir como normales los cambios o bultos en el pecho durante la lactancia. Además, las mamografías son difíciles de interpretar durante estos periodos de la vida de la mujer.
Parece improbable que los estrógenos tengan un efecto negativo en los tumores, afirman los autores, ya que la peor supervivencia se ha visto sólo en las mujeres diagnosticadas durante la lactancia y no en las diagnosticadas durante el embarazo.
Los investigadores descubrieron además un "efecto saludable de la maternidad", por el cual las mujeres diagnosticadas de cáncer después de un embarazo tenían un menor riesgo de morir como consecuencia del mismo, en todos los tipos de cánceres combinados. En comparación con las mujeres que no tenían más hijos después de pasar un cáncer, las mujeres con embarazos después de un cáncer y un diagnóstico de cáncer cervical, linfoma o leucemia, tenían aproximadamente un riesgo un 80% menor de morir por esta causa específica. Los investigadores explican que esto implicaba una autoselección entre las mujeres que habían recibido un tratamiento para el cáncer, que decidían si quedar embarazadas después o no.
Así pues, tener un embarazo después de un diagnóstico de cácer (el tiempo medio desde el diagnóstico hasta el siguiente embarazo, en este estudio, fue de 3,5 años) no aumenta el riesgo de morir. El Dr. Peccatori, valorando este trabajo, considera interesante que muy pocas mujeres se quedaran embarazadas de nuevo después del diagnóstico de cáncer. Los datos también muestran grandes variaciones según el tipo de tumor: 21% de estas mujeres dieron de nuevo a luz después de tener un cáncer de tiroides o un melanoma, mientras que sólo 138 de 13.073 mujeres (1%) se quedaron embarazadas después de un cáncer de mama. "Esto puede reflejar la toxicidad gonadal de los tratamientos administrados para el cáncer de mama, pero también la información errónea que se da las mujeres en el sentido de que un embarazo después de un cáncer de mama podría afectar negativamente a su supervivencia", dijo. "Por el contrario, todos los datos publicados (incluido este estudio) no describen ningún aumento de la mortalidad para estas pacientes".
Referencias
Stensheim H, Moller B, van Dijk T, and Fossa SD. Cause-specific survival for women diagnosed with cancer during pregnancy or lactation: a registry-based cohort study. Journal of Clinical Oncology 2008.